Imagine si el sabio Salomón impartiera justicia en el Centro Cívico. ¿Cómo se trataría el cierre de la mina Marlin? Expongo mi versión.
Llegarían ante Salomón, primero, los que siempre han estado más cerca de la justicia, no por justos, sino porque viven en la zona 14. El presidente del CACIF y algunos otros empresarios, los representantes de Goldcorp, un grueso de abogados y diputados-mercaderes. Y, no podrían faltar, un sinnúmero de guardaespaldas. Un poco más tarde llegarían, en camioneta extraurbana y sorteando deslaves, los pobladores de los municipios de Sipacapa y San Miguel Ixtahuacán.
Y, estando todos, dice Salomón, oigamos a los más afectados, y levantan la voz los que están contra el cierre de la mina. Nosotros somos los más afectados, dicen exaltados. Es que si cierran la mina, qué gran incertidumbre para los inversionistas, principalmente aquellos que no entienden que también en los países pobres se debe respetar la ley. Eso sienta un mal precedente. ¡Qué tal si nos hacen lo mismo con Perenco y la Laguna del Tigre!
Salomón invita a hablar a los marquenses. Nosotros, dicen, usamos el agua contaminada por la mina. Bebemos y nos bañamos en ella. No queremos que destruyan las montañas ni el futuro de nuestros hijos, a los que están matando poco a poco. Es solo eso…
Ustedes no entienden, interrumpen los pro-mineros. En unos años, cuando las utilidades den para todos, vamos a regalarles unos sus centavitos y probarán un poco del desarrollo. ¡Aguanten, y contribuyan con el país! Además, si sobrevivieron a las encomiendas de indios, a la tierra arrasada, a las minas antipersona, al ajuste estructural, ¿qué les hace pensar que no sobrevivirán a un poco de arsénico? ¡Tan pesimistas que los ha vuelto el creer que también tienen derechos!
Después de oír por un rato a los dos grupos afectados, dice Salomón, tengo el veredicto y creo que hay una solución. Los pro-mineros, le guiñan el ojo, creyendo que todo se arregla a lo morenobotrán, con magistrados suplentes a favor de las fechorías. Ya que ustedes están tan interesados en la inversión extranjera, en engrosar los bolsillos de los accionistas de Goldcorp, y de aparentar que todo está en regla, deberán trasladarse a vivir a las casas y chozas de quienes habitan cerca de la mina Marlin. Les ordeno que se lleven a sus hijos y que usen las escuelas y centros de salud, y beban y se bañen en los ríos.
A los pobladores afectados los invito a poblar las casas de los pro-mineros. Estoy seguro que encontrarán bien abonados sus jardínes y, en tamaño, suficientes para producir sus alimentos e incluso, para exportar. ¡He dicho! ¡No más impunidad!
PD.
Acceda al estudio en el que científicos de la salud ambiental de la Universidad de Michigan en Estados Unidos informan que una muestra de vecinos de la Mina Marlin en Guatemala tiene niveles más elevados de metales potencialmente tóxicos en su orina y sangre, que la muestra de personas que residen más alejadas de la mina. (http://physiciansforhumanrights.org/library/report-2010-05-18.html)