El 14 de julio de 1789 miles de personas tomaron la Bastilla, cárcel que se consideraba, en aquellos tiempos, el bastión de la arbitrariedad monárquica. Este hecho marcó el inicio de una revolución en las ideas, que permitió el avance ético, político y económico de Francia y del mundo.
Dentro de las ideas modernizantes de aquella revolución están la supresión de los derechos feudales y del feudalismo, y la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. El feudalismo se componía de tres clases sociales, la primera constituida por quienes servían a Dios. Otra clase, constituida por señores cuya misión era proteger a la comunidad y administrar la justicia… y la tierra. Y, por último, una tercera clase, que debía trabajar para mantener a las otras dos clases. El no pagar impuestos era parte de los derechos feudales que disfrutaban tanto los religiosos como los señores feudales.
La Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano aprobada por la Asamblea Nacional figuró como el preámbulo de la Constitución francesa de 1791. En su texto la declaración hace hincapié en que la ignorancia, el olvido o menosprecio de los derechos del hombre son la causa de las calamidades públicas.
La Declaración nos recuerda que todos somos iguales en derechos, desde nuestro nacimiento. Y continúa anotando que la libertad consiste en hacer todo aquello que no perjudique a otro; La ley es la expresión de la voluntad general, y debe ser la misma para todos; la libre comunicación del pensamiento es uno de los derechos más preciosos. Todo ciudadano puede hablar, escribir e imprimir libremente, a cambio de responder sobre el abuso de esta libertad en los casos que determine la ley; la garantía de los derechos del hombre y del ciudadano necesita de una fuerza pública, instituida en beneficio de todos. Dicha fuerza pública debe financiarse por la contribución común (impuestos), que debe repartirse equitativamente entre todos los ciudadanos, proporcionalmente a su capacidad; los ciudadanos tienen el derecho de vigilar la recaudación de sus contribuciones y su buen empleo.
Hoy, en nuestro país, mientras se discute otorgar más privilegios fiscales a las zonas francas, mientras se busca por medio de donaciones y no por medio de impuestos financiar la reconstrucción del país, mientras se juzga a los Valdez y a sus sicarios recomendados, mientras muchos diputados dejan de lado la reforma fiscal y las leyes en pro de la justicia para dedicarse a sus particulares negocios, mientras toleramos que la mitad de nosotros viva en condiciones de pobreza, hoy, es conveniente tomarnos un momento para recordar cuáles son nuestros deberes y derechos como humanos y como ciudadanos de esta nación.