Jonathan Menkos

26. La política fiscal también cuenta

Hace 24 años, la sociedad guatemalteca puso en vigencia un nuevo contrato social, una nueva Constitución de la República en la que se garantizan tanto los derechos civiles y políticos como los derechos económicos, sociales y culturales. A esto agregamos los Acuerdos de Paz que terminan de señalar la ruta para la construcción de una nación incluyente, justa y económicamente viable.

En la práctica,  hemos asistido a las urnas cotidianamente a elegir alcaldes, diputados y presidentes. Y la libre expresión de las ideas ha sido la regla, con algunas lamentables excepciones. Pero el goce de esas libertades ha logrado disminuir muy poco la latente discriminación, ignorancia, insalubridad y miseria en la que vive un amplio conjunto de la población.

En esta notoria diferencia entre nuestros compromisos sociales y la realidad, la política fiscal juega un papel determinante, como el instrumento que permite transformar los Estados. Pero, sabe usted, la política fiscal básicamente sigue siendo la misma de los años previos a la democracia.

En cuanto al gasto público, hemos avanzado en su transparencia y en un ordenamiento moderno, siguiendo normas internacionales.  Sin embargo, los niveles de gasto son tan bajos, 14 centavos por cada quetzal que producimos, que continúa siendo insuficiente lo que destinamos a justicia, seguridad, salud, educación, vivienda o infraestructura.

A su vez, el bajo gasto refleja bajos ingresos.  El Estado guatemalteco recauda apenas 10 centavos por cada quetzal que se produce en el país, como resultado de excesivos privilegios fiscales (exenciones, deducciones y reducciones de impuestos, por ejemplo) y de una estructura tributaria orientada a gravar el consumo, por medio del IVA, y a olvidar la renta, dejando pocas posibilidades al principio de “quien gana más, paga más” y “a igual ingreso, igual impuesto”.

Conviene saber estas cosas, ahora que el Congreso comenzará a debatir sobre el presupuesto público de 2011.  Esta nación, que se desmorona con las lluvias, también se desmorona con la desigualdad y con nuestra apatía por el quehacer público.

Usted y yo, los ciudadanos de este país, no podemos construir un país democrático y diferente, con los mismos ingredientes que utilizamos en los años de la guerra civil.  Necesitamos avanzar en una política fiscal coherente con el desarrollo, y esto implica modernizar el ISR, luchar contra los evasores tributarios, evaluar el desempeño del gasto público y su transparencia, y más importante aún, plantearnos metas sociales de mediano y largo plazo con las que estemos satisfechos y comprometidos, como ciudadanos, trabajadores o empresarios.

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