November, 2010:

38. Urge aprobar el presupuesto

Muchas de las noticias económicas y políticas de esta semana están relacionadas con la discusión del proyecto de presupuesto de 2011. Hasta el momento en que escribo esta columna, mi percepción es que el proyecto será aprobado por el Congreso de la República.  En lo particular, prefiero que así sea, aún cuando dicho presupuesto esté lejos de ser algo ideal.

Si no se aprobara el proyecto de presupuesto, entonces el uno de enero de 2011 entrará en vigencia el mismo presupuesto de 2010 que, a su vez, es el mismo presupuesto de 2009, puesto que el año pasado no hubo consenso para su aprobación.  Cuando no se aprueban los presupuestos la política fiscal sufre retrasos y una mayor opacidad como consecuencia de las transferencias y modificaciones que se deben hacer para adecuarlo a la realidad. Además, los programas operativos elaborados por los técnicos de cada institución se convierten en letra muerta y, junto con ellos, las metas a alcanzar.

Como consecuencia de estos problemas, los beneficiarios de la producción de bienes y servicios públicos también padecemos.  Los recursos para la refacción escolar llegan hasta abril, los materiales y suministros para el sistema de salud también se retrasan y los procesos para la construcción de obra pública terminan el año a la mitad del proceso.  En 2011, el presupuesto contempla recursos para realizar las elecciones, algo que no contenía el presupuesto de 2009.

El Congreso de la República tiene en sus manos la responsabilidad de aprobar el presupuesto de la Nación para 2011, pero es evidente que la sociedad debe tener una postura clara sobre los argumentos a favor de esta aprobación.  Las manifestaciones que organizaciones sociales y empresariales han hecho a favor de más recursos, ya sea para salud, educación, seguridad o infraestructura, deberían ir acompañadas de una idea precisa de cómo se van a financiar sus exigencias.  La política fiscal es una ecuación clara en la que, por un lado, si se desea más inversión, se debe pensar también en las fuentes de recursos posibles.

En este momento es urgente la aprobación del presupuesto para 2011, pero el próximo año, que es electoral, la sociedad debería aprovechar la oportunidad para obligar a los candidatos a la presidencia a que definan sus planes de gobierno, que serán sus cartas de navegación, y que nos cuenten cómo se va a pagar la factura de dichos planes.  Porque estoy seguro que todos querrán y ofrecerán un país más competitivo, más seguro, más educado y más sano.

Usted y yo, los ciudadanos de este país, debemos estar claros que no hay un proyecto de nación sin una política fiscal que le de vida, y que los presupuestos públicos son la cara visible de la voluntad política.

37. Los niños de la calle versus Guatemala

Hoy se cumplen 11 años desde que la Corte Interamericana de Derechos Humanos –CIDH- emitió la sentencia en la que responsabiliza al Estado de Guatemala por  el asesinato de cinco jóvenes, de entre 15 y 20 años, sucedido en junio de 1990.  Cuatro de ellos, Henry Contreras, Federico Figueroa, Julio Caal y Jovito Juárez, fueron secuestrados el 15 de junio, torturados y muertos a balazos por agentes de la policía. El quinto, Anstraum Villagrán, fue asesinado a balazos en plena calle y por los mismos agentes, el 25 de junio.  Como consta en las investigaciones, eran “niños de la calle”.

Las cinco víctimas eran amigos y sus vidas transcurrían en la Plazuela Bolívar. Rosa Morales, que trabajaba en uno de los kioscos del lugar junto con Anstraum, los detestaba, así es que un día se hartó.  A los cuatro amigos de Anstraum, en lugar de echarles agua caliente, como siempre, para que se marcharan, los invitó a tomar una sopa.  Mientras comían, ella avisó a sus matones.  Días después, los encontraron con los ojos quemados y arrancados, las orejas mutiladas y a algunos sin lengua. Otro día llegaron por Anstraum y le dispararon por la espalda, mientras escapaba.

A la muerte de los jóvenes le siguieron amenazas contra testigos, incluso la muerte de uno de ellos.  Al final, las cortes guatemaltecas dictaminaron que las pruebas eran insuficientes para culpar a alguien y por eso el caso fue elevado a la CIDH, por Casa Alianza y el Centro de Justicia y Derecho Internacional.  Uno de los jueces de la CIDH, Antonio Cançado, explicó en su voto que las cinco víctimas, antes de ser privadas cruel y arbitrariamente de sus vidas, ya se encontraban privadas de crear y desarrollar un proyecto de vida. Se encontraban en las calles en situación de alto riesgo, vulnerabilidad e indefensión, en medio de la humillación de la miseria, y advierte proféticamente que “un mundo que abandona a sus niños en las calles no tiene futuro”.

La historia de sus cortas vidas transcurrió entre el trabajo infantil, el maltrato y la desintegración familiar. La sociedad los graduó en sobrevivencia, como a tantos niños,   y usó sus fuerzas para la venta de dulces, el lustre de zapatos, la llevada de bultos y la albañilería…  Muchas veces, al leer el caso,  imagino el terror que les habrá invadido en sus últimos momentos, y me conmueve suponer su trágica amargura al sentirse, una vez más,  abandonados por nosotros, porque el fallo de la CIDH contra el Estado, es un fallo contra esta sociedad que admite y fomenta la desigualdad.

Desde hoy, cuando abrace a sus hijos,  ponga en sus rostros las sonrisas que no florecieron más en Henry, Federico, Julio, Jovito y Anstraum, y hártese de ser cómplice.  ¡exijamos el respeto a los derechos de la niñez!

36. Si yo presidiera el Cacif…

Las recientes declaraciones del presidente del Cacif sobre el presupuesto público para 2011, no me han sorprendido.  Lo que sí, es que me han puesto a reflexionar sobre las declaraciones que yo haría si además de ser un empresario moderno del siglo XXI, fuera presidente de esa organización.

Con respecto a las remuneraciones.  Como empresario sabría que casi todo lo que se le paga a los empleados públicos (Q20 mil millones en 2011) va a terminar en las manos de comerciantes, sean estos del mercado o del supermercado. Por lo tanto es buen negocio que el Estado les pague salarios dignos, que les permita comprarse alimentos, ropa, zapatos, perfumes, libros y computadoras, porque esto aumenta las ganancias de mis representados.  Eso sí, como tendría claro que para ser más competitivos necesitamos mejores bienes públicos elevaría al debate social para que en 2011 modernicemos la Ley de Servicio Civil, con el fin de garantizar que los mejores ciudadanos estén dentro del aparato público, brindando educación, salud o justicia.

Pediría que se considere la universalización de la seguridad social. Ningún empleado público ni privado debe dejar de cotizar al IGSS, primero porque es un derecho humano y segundo porque nos permite garantizar que los consumidores de hoy, podrán seguir consumiendo mañana cuando ya estén jubilados.  Garantizaremos que los agremiados del Cacif nunca vean sus cajas registradoras vacías.

Diría que el presupuesto de 2011 (de Q53 mil millones) me parece insuficiente, y me pronunciaría en contra de la reducción de la inversión pública.  En 2010 el país sufrió importantes pérdidas de infraestructura económica (carreteras y puentes) y social (escuelas y puestos de salud), por lo que es necesario reconstruir.  Además, qué buen negocio sería para las empresas constructoras tener un cliente como el Estado que gastara Q15 mil millones anuales en obra gris.  Se generaría empleo (más consumidores) y estaríamos caminando en la senda del desarrollo, como Brasil, China o la India.

Claro, también me preocuparía por el déficit fiscal, pero entendería que en tiempos de vacas flacas, el mejor aliado de la empresa privada es el Estado que se endeuda para cumplir sus obligaciones y seguir generando consumo dentro de la sociedad (¡nuevamente sonríe la caja registradora privada!). Aprovecharía a decir que debemos reducir los privilegios fiscales que en 2011 ascenderán a Q28 mil millones.  Permitir que unas empresas paguen impuestos y otras no, como la maquila y las zonas francas, ¡es competencia desleal!

Finalmente, les diría a los guatemaltecos que mis representados entienden que su éxito como empresarios no está relacionado con los millones acumulados en sus cuentas bancarias, sino con el logro del bienestar de sus clientes-ciudadanos, y por eso entendemos que la política fiscal es un instrumento para el desarrollo, no para la confrontación. ¡Si yo presidiera el Cacif!

jmenkos@gmail.com

35. Lo que puede hacer un buen alcalde

En estos días me he encontrado con una conferencia de Sergio Fajardo, el ex alcalde de Medellín, tan recordado por haber cambiado el rostro de esa ciudad cuya historia tiene un antes y un después de su Administración.  Explica el ex alcalde Fajardo, que pasar de la Medellín violenta e invadida por el narcotráfico a la Medellín habitable con oportunidades para realizar el proyecto de vida de todos sus ciudadanos, requirió luchar contra dos problemas arraigados en la sociedad: la violencia y la desigualdad.

El punto medular para luchar contra estos problemas fue la educación.  El principal educador de una ciudad es el alcalde,  advierte y, es bajo esa responsabilidad que el ex alcalde Fajardo en su Administración da un giro a la limitante idea de que la educación es el proceso de asistir al aula, para pasar a la comprensión de la educación como motor de la actividad y transformación social.

Dar ese sentido a la educación implicó crear centros de emprendimiento, desarrollar proyectos urbanos integrales con parques, bibliotecas y espacios públicos en donde los ciudadanos se encontraran a gusto compartiendo su ciudad y, por supuesto, mejorar la educación pública. Como se trataba de cambiar radicalmente la piel de la ciudad, se propuso “lo más bello, para los más humildes”. La inversión racional en infraestructura pública cambió significativamente la fisonomía de los barrios marginales, y  la política pública dejó de tener ese toque de caridad improvisada, para comenzar a ser un ejercicio ético, político y económico que edifica la igualdad.

No me da el espacio para seguir contándole a detalle los demás programas públicos que se implementaron y que fueron exitosos. Sin embargo, sabe usted que este sueño de cambiar Medellín comenzó con 50 personas que jamás habían estado en política, pero que se dieron cuenta de que los políticos son quienes toman las decisiones más importantes de la sociedad y que, aunque en los partidos tradicionales hay personas honestas, muchos de sus dirigentes asumieron la política como un negocio personal. ¿No le recuerda esto a Guatemala? Bueno, el reto para la gente que desea un cambio es dejar de ver la política tapándose la nariz, para entenderla como un proceso de construcción colectiva en el que la inspiración y la transpiración de todos es lo que empuja el futuro.

En Guatemala necesitamos 333 alcaldes así como el señor Fajardo, que se respeten tanto como para no ser cuota de nadie, que entiendan que la politiquería (el clientelismo y el negocio personal a costa de lo público) es la madre de la corrupción; y, muy especialmente, que tengan la capacidad de lograr propuestas colectivas, que materialicen las aspiraciones de todos.  Finalmente, ¿Ya pensó que usted podría ser uno de los 50 ciudadanos que se necesitan para comenzar el cambio?