January, 2011:

45. ¡Defendamos la sociedad!

Esta semana, buscando algunos datos sobre el salario mínimo y la necesidad de redistribuir de manera justa el producto del trabajo de una nación, me encontré con el Manifiesto Comunista.  Lo que más me ha impresionado del documento es su vigencia, 160 años después de su primera publicación en aquel Londres que transcurría entre la industrialización y las epidemias.  Entre otras cosas, el manifiesto dice: «Toda la historia de la humanidad, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases». Esas clases sociales opuestas entre sí, han sido en todas las épocas, fruto de las relaciones económicas: libres y esclavos, señores feudales y siervos, burguesía y proletariado.

Basado en estas relaciones, hay quien lucha por un salario y quien por sus utilidades.  Sin embargo, la democracia ayuda a aceitar esas tirantes conexiones, cuando de esta se deriva la garantía universal de derechos tan básicos como la educación, la salud o el trabajo. Porque la democracia es la posibilidad de construir, mediante el concurso y el interés general, una sociedad justa y equitativa.

Habrá momentos en que las fricciones entre clases intensifiquen el debate de para qué estamos viviendo en sociedad y, a partir de ese pregunta, encontremos algún punto de ganar-ganar.   El aumento al salario mínimo  debe ser visto como una oportunidad para debatir. En ese sentido, yo pienso que es justo el aumento al salario mínimo en una sociedad en la que el 30 por ciento de la población más rica, se queda con el 65 por ciento de todo el ingreso que se genera, según la Encovi 2006, quebrantando el desarrollo humano y la democracia.

Sí, seguro habrá que bajar momentáneamente el nivel de ganancias. Pero, en términos  económicos, el aumento del salario permitirá que se incrementen las ventas de aguas gaseosas, pollo frito, pan, minutos de telefonía, entre otros.  Si la evidencia empírica no falla, esto provocará un incremento del consumo, el empleo y, también, de las utilidades.

Entonces, ¿Por qué  oponerse tercamente al incremento salarial? Me inclino a pensar que el tema no es económico,  es más bien esa enfermiza necesidad que tienen algunos empresarios, más aquellos que gozan de privilegios fiscales, de pensar que Guatemala continúa siendo la finca que les heredaron sus abuelos.  Porque para el empresario que produce bienes y servicios de consumo masivo, de venta en Guatemala, esto será un vaso de agua en el desierto de la crisis económica.  Muchas investigaciones sobre la realidad reiteran esto.

Usted y yo, podremos tener posturas diferentes en cuanto al aumento salarial, pero si queremos construir una democracia plena, tendremos que lograr que el bien de todos prevalezca sobre la utilidad de unos pocos. ¡Defendamos la sociedad!

jmenkos@gmail.com

44. Hablando del empleo y los salarios

El empleo es a la sociedad, lo que un buen caldo de frijoles es al cuerpo.  Una caldo de frijoles, con arroz y tres tortillas, da tanta vida al cuerpo de quien lo consume, como un empleo digno, bien remunerado y con seguridad social,  da sustento a eso que llamamos sociedad.

Sabe usted que después de la Segunda Guerra Mundial, los esfuerzos se redoblaron para la reconstrucción económica, moral y política del mundo. Esa “edad de oro” permitió que, en lo económico, la sociedad se apartara de las ortodoxias (necedades) del mercado perfecto y se observara la ampliación del nivel de ingreso de los hogares y de la seguridad laboral como derechos ciudadanos.  En lo político, hubo  proyectos de nación y se crearon instituciones supranacionales que reafirmaban la democracia en contra de las ideas totalitarias. Y, quizá lo más importante, en lo moral, se promovió las ideas de justicia social, solidaridad y universalismo.

Todo iba bastante bien.  Los niveles de empleo y de salarios permitían a las familias vivir con cierta holgura, y el acceso a buenos sistemas educativos hacía ver el futuro como algo promisorio.  En lo económico, habiendo buenos salarios a lo interno de las naciones, lo que se producía casi se vendía en su totalidad, en la propia economía.

Pero, como suele suceder en la historia de nuestra humanidad, todo va bien, hasta que la codicia y el incontenible afán de lucro  de algunos, se posa por encima del bienestar de todos.  Vino entonces el neoliberalismo, con sus ideas de abrir las economías y basarlas en la exportación, eliminar los derechos laborales y flexibilizar el empleo, y por si fuera poco, disminuir el aparato público, que había sido parte vital en la generación de servicios básicos, empleos dignos y mayor consumo.

Casi todos los países, o lo que sería más explícito, casi todas las élites económicas de los países, se embarcaron en esta aventura que desde los ochentas ha polarizado a las sociedades entre ganadores y perdedores, debilitado las organizaciones colectivas y, por lo tanto, la propia supervivencia de la democracia.  Además, ha convertido a la mayor parte de trabajadores, formales e informales, en hombres y mujeres que sobreviven en un callejón sin salida, atrapados frente al temor del mañana,  cual cavernícolas, desplazándose de un lugar a otro, con refugios temporales, con hambre y sin resguardo frente a  las bestias salvajes que, eso sí, sin codicia, los perseguían.

Usted y yo, los ciudadanos de este país, debemos entender que los empresarios, con su sempiterno malestar por los aumentos al salario mínimo y con su trillado mensaje terrorista de acabar con el empleo -o llevarlo a otra parte-, explican en buena medida porque Guatemala es un país subdesarrollado.

43. Maquileros, hagamos cuentas…

Hace algunos meses comentaba como los azucareros, los cafetaleros, los bananeros y los cardamomeros tuvieron un 2010 muy afortunado, con ventas que, a octubre, superaban los 13 mil millones de quetzales y con costos sumamente bajos, que se traducían en cuantiosas ganancias.  Mientras el cambio climático se llevaba vidas humanas, carreteras, chozas y cosechas y, mientras la cooperación internacional se reunía para ver en qué podía colaborar con la sociedad, estos finqueros se hacían los desentendidos, mirando para otro lado y, como siempre, maquillando la elusión de impuestos por medio de la caridad brindada a través de sus fundaciones.

Pues en estos días, han salido los maquileros de textiles y vestuarios, como cortados con la misma tijera de la codicia, reclamando sobre el “ostentoso” aumento al salario mínimo que ha entrado en vigencia en 2011 y que eleva el salario diario de Q51.75 a Q59.45, con lo que cada trabajador recibirá mensualmente Q2,058.27.  Según los cálculos del Instituto Nacional de Estadísticas, el costo mensual promedio de la canasta de alimentos y servicios básicos para la subsistencia de una familia guatemalteca ronda los Q4 mil. Esto quiere decir que cada uno de los 57 mil empleados de la maquila textilera,  puede cubrir menos de lo mínimo para su hogar aun con el aumento.

Bueno, maquileros de textiles, hagamos cuentas, porque yo disfruto poniendo los números al servicio de la transparencia.  Entre 2005 y 2010 ustedes han exportado  anualmente de 7 a 11 mil millones de quetzales. En ese mismo lapso, el Estado les ha privilegiado, permitiéndoles NO PAGAR el impuesto Sobre la Renta, el de Solidaridad y el impuesto al Valor Agregado, lo que anualmente, más o menos, ha significado de 400 a 650 millones de quetzales que también se echan a la bolsa, puesto que no los pagan.

Ahora bien, el incremento de salarios para 2011, suponiendo que respetan el salario mínimo y su obligación de 14 sueldos y de IGSS, significará un incremento de sus costos de 212.4 millones de quetzales, es decir, una tercera parte de los privilegios fiscales que tienen. Dicho en términos de sus ventas, el incremento representará menos del dos por ciento del total exportado en 2010. ¡Por favor, no se desgarren las vestiduras ante los medios! No olviden que el espíritu de la Ley de Maquilas es la utilización adecuada del potencial humano y la equitativa distribución del ingreso nacional.

Así es que, en  lugar de estar financiando diputados para que se les extiendan los privilegios fiscales, comiencen a ser sensatos. Como ustedes lo advierten muy bien en su sitio de internet: “Guatemala cuenta con la industria textil más grande de la región, tecnologías de punta y sistemas avanzados de producción”, porque no agregar que intentan respetar los derechos de los trabajadores, que les han servido para tan buenos negocios.

jmenkos@gmail.c0m

42. ¿Cuál es el plan?

El 2011 camina rápidamente y debemos advertir que para Guatemala este es un año trascendental, pues habrá elecciones generales y, quiérase o no, una buena parte de las decisiones más importantes de una sociedad se toman en la esfera política: Desde cuáles son los derechos que tiene cada ciudadano, hasta quién paga o no impuestos, entre otras muchas cosas.

Precisamente por eso es que en estos primeros días de enero me he dado a la tarea de escuchar los mensajes que en su ilegal campaña anticipada han comenzado a hacer algunos partidos políticos. Le cuento que el Tribunal Supremo Electoral ya impuso la ridícula multa de 125 dólares a los partidos Líder, Unionista y Patriota.  Y, supongo yo,  pronto le enviaran un recibo por la misma cantidad al Creo de Eduardo Suger  y a la señora Adela de Torrebiarte junto con Harold Caballeros.

Bueno, en la mayoría de mensajes hay un denominador común: los políticos nos están pidiendo tener fe. Sí, con esa palabrita de dos letras pretenden que las cosas se arreglarán.  Pero yo, que crecí repitiendo la estrofa “no basta rezar, hacen falta muchas cosas para conseguir la paz” y diciendo “a Dios rogando y con el mazo dando”, no me quedo muy convencido de lo que nos están ofreciendo.  Supongo que estos mensajes providencialistas, trillados y propios del siglo XV, han convencido en el pasado a muchos votantes que no entienden que una cosa es la fe o la religión que uno puede practicar de manera privada y otra cosa muy diferente es la capacidad para resolver los problemas que enfrenta una sociedad.

El país que tenemos actualmente es el que estamos financiando con una carga tributaria repleta de privilegios fiscales, que ni siquiera supera los 10 puntos del PIB, y que solo permite financiar la educación primaria, tener un sistema de salud en condiciones desastrosas y un sistema de justicia con cobertura urbana. Tener un país diferente, seguro tiene un costo social diferente.

Usted y yo, los ciudadanos de este país, los asaltados, los deudos de las víctimas, los extorsionados, los hambrientos, los enfermos, los desempleados no queremos que nos pidan tener fe, queremos tener un plan de nación que nos  explique claramente qué hay que hacer para solucionar los grandes problemas de Guatemala.  Queremos que los políticos nos digan qué plan tienen para mejorar la seguridad, la educación, la salud, la seguridad social y el empleo de todos y cada uno de nosotros y queremos saber cuánto cuesta, cómo se va a pagar, bajo qué mecanismos de transparencia y cómo garantizaremos su efectividad.

En síntesis, queremos tener sus propuestas concretas, para saber lo que nos compete hacer como ciudadanos.   La fe, los políticos se la pueden guardar para la noche en que pidan por nuestros votos. ¿Cuál es el plan?