El miércoles pasado se presentó el estudio ¿Cuánto estamos invirtiendo en la niñez y adolescencia guatemalteca?, realizado por el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi) y Unicef. La presentación ha coincidido con la Conferencia Internacional sobre Seguridad que reúne a los más altos funcionarios de Centroamérica y otros países vecinos, como a la comunidad internacional y algunos actores de la sociedad civil.
El documento estudia las asignaciones que el Gobierno Central ha destinado a este grupo, que representa cerca de la mitad de la población guatemalteca -aproximadamente 7 millones de personas- y evidencia que la sociedad invierte, a través de lo público, solo 174 dólares anuales por cada niño, niña y adolescente con el fin de satisfacer sus necesidades de educación, salud, asistencia social, recreación y cultura, entre otras muchas. En comparación, países como Argentina invierten casi siete veces más que nosotros, es decir, unos 1,200 dólares.
Eso explica, en buena medida, porque la mitad de los niños guatemaltecos menores de cinco años padece desnutrición crónica, mientras el 65 por ciento de los jóvenes en edad de estudiar la educación diversificada no están en la escuela, por poner algunos ejemplos del descuido social en el que tenemos a nuestra niñez y adolescencia. Digo nuestra porque cada niño y cada adolescente de este país es NUESTRA responsabilidad y es nuestro mayor patrimonio, si queremos algún día vivir de manera más concreta conceptos hoy tan lejanos como la democracia, la competitividad o el desarrollo humano.
El índice de focalización del gasto público hacia la niñez nos advierte que en el presupuesto del gobierno central se ha intentado priorizar a la niñez y adolescencia, pero también se puede señalar que el presupuesto público es tan pequeño que es imposible llegar a toda la población. Sí, seamos enfáticos al afirmar que el narcotráfico es un crimen y un tema de seguridad, pero usted y yo debemos reconocer que el hambre, la ignorancia, la desnutrición y la mortalidad prematura también son crímenes que enlutan a muchas familias y truncan a diario millones de proyectos de vida.
Entonces, para combatir la inseguridad y la violencia, usted qué prefiere ¿armas o textos escolares?, ¿encarcelar a las personas o apoyarles para que desarrollen sus proyectos de vida dignamente y no caigan en cosas ilícitas? Exceptuando algunos psicópatas que participaron en el genocidio y la tierra arrasada, y algunos empresarios que se enriquecieron con esto, creo que los ciudadanos estamos convencidos que queremos una oportunidad para que, mediante el concurso de la responsabilidad colectiva, todos podamos concretar nuestras aspiraciones personales, familiares y sociales. Pero, un país distinto requiere una política fiscal diferente.
