June, 2011:

65. ¿armas o textos escolares?

El miércoles pasado se presentó el estudio ¿Cuánto estamos invirtiendo en la niñez y adolescencia guatemalteca?, realizado por el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi) y Unicef. La presentación ha coincidido con la Conferencia Internacional sobre Seguridad que reúne a los más altos funcionarios de Centroamérica y otros países vecinos, como a la comunidad internacional y algunos actores de la sociedad civil.

El documento estudia las asignaciones que el Gobierno Central ha destinado a este grupo, que representa cerca de la mitad de la población guatemalteca -aproximadamente 7 millones de personas-  y evidencia que la sociedad invierte, a través de lo público, solo 174 dólares anuales por cada niño, niña y adolescente con el fin de satisfacer sus necesidades de educación, salud, asistencia social, recreación y cultura, entre otras muchas.  En comparación, países como Argentina invierten casi siete veces más que nosotros, es decir, unos 1,200 dólares.

Eso explica, en buena medida, porque la mitad de los niños guatemaltecos menores de cinco años padece desnutrición crónica, mientras el 65 por ciento de los jóvenes en edad de estudiar la educación diversificada no están en la escuela, por poner algunos ejemplos del descuido social en el que tenemos a nuestra niñez y adolescencia.  Digo nuestra porque cada niño y cada adolescente de este país es NUESTRA responsabilidad y es nuestro mayor patrimonio, si queremos algún día vivir de manera más concreta conceptos hoy tan lejanos como la democracia, la competitividad o el desarrollo humano.

El índice de focalización del gasto público hacia la niñez nos advierte que en el presupuesto del gobierno central se ha intentado priorizar a la niñez y adolescencia, pero también se puede señalar que el presupuesto público es tan pequeño que es imposible llegar a toda la población. Sí, seamos enfáticos al afirmar que el narcotráfico es un crimen y un tema de seguridad, pero usted y yo debemos reconocer que el hambre, la ignorancia, la desnutrición y la mortalidad prematura también son crímenes que enlutan a muchas familias y truncan a diario millones de proyectos de vida.

Entonces, para combatir la inseguridad y la violencia, usted qué prefiere ¿armas o textos escolares?, ¿encarcelar a las personas o apoyarles para que desarrollen sus proyectos de vida dignamente y no caigan en cosas ilícitas? Exceptuando algunos psicópatas que participaron en el genocidio y la tierra arrasada, y algunos empresarios que se enriquecieron con esto,  creo que los ciudadanos estamos convencidos que queremos una oportunidad para que, mediante el concurso de la responsabilidad colectiva, todos podamos concretar nuestras aspiraciones personales, familiares y sociales. Pero, un país distinto requiere una política fiscal diferente.

64. Crisis en las finanzas públicas

En noviembre de 2010 el Congreso de la República aprobó el presupuesto de la Nación para el 2011.  Sin embargo, los diputados dejaron para después la aprobación de algunos mecanismos para el financiamiento de este presupuesto.  Estamos a mitad del año y el Congreso no ha aprobado la Ley Antievasión II que daría al Estado Q1,000 millones; tampoco ha hecho los cambios pertinentes en el cobro de un nuevo impuesto al tabaco que permitiría recaudar Q134 millones y, por si fuera poco, tampoco han tenido la voluntad o los “incentivos” para aprobar una serie de préstamos provenientes del exterior que permitirían contar con alrededor de Q3,350 millones.

Esta situación disminuye las posibilidades de ejecutar una política pública efectiva.  Una buena parte de los programas relacionados con la educación, la salud y combate a la pobreza se están viendo afectados ante la escasez de recursos financieros.  Ya tuvimos a los maestros y a los salubristas en las calles protestando no solo por el incumplimiento de compromisos laborales sino también por la falta de útiles escolares y medicamentos, entre otros insumos para la producción de los bienes públicos.

Mientras los medios de comunicación están invadidos por campañas electorales en las que los candidatos a la presidencia, al Congreso o a los gobiernos locales, ofrecen cielo y tierra y el país de las maravillas, la realidad es que la finanzas públicas de 2011 están en crisis y, a menos que ellos, los políticos, hagan algo al respecto, esta situación continuará con más gravedad en 2012.  La luna de miel con la que se estrena cualquier gobierno durante los primeros seis meses de gestión se verá significativamente reducida ante la ingobernabilidad que supondrá no contar con recursos para el pago de salarios o carecer de financiamiento para los servicios  públicos más básicos.

La inseguridad, la ignorancia, el hambre y la mortalidad materna no se combaten repitiendo estribillos o levantando la mano en tono violento, se enfrenta con un Estado que es capaz, por medio de la política pública, de garantizar un nivel de bienestar digno para toda su población.  Cuando usted vea a los actuales diputados en las calles pidiendo nuevamente su voto y dándole la mano, sepa que esa mano entrampó este año la posibilidad de brindar bienes públicos a los ciudadanos guatemaltecos.  Sepa que esa misma mano prefirió poner de rodillas al gobierno de turno, con tal de que este perdiera algunos votos,  sin importar cuántas vidas podría costar.

Usted y yo debemos estar claros que un país distinto necesita de una política fiscal diferente. Y, como bien lo dijeron los ciudadanos en la España post-franquista “o los políticos terminan con la crisis –económica, social y política-, o la crisis termina con la democracia”. ¡Indignémonos!

63. Frente parlamentario contra el hambre

Estoy regresando de Colombia en donde tuvo lugar el segundo foro del Frente Parlamentario contra el Hambre de América Latina y el Caribe, una reunión a la que se han dado cita diputados, senadores y parlamentarios de la región con el fin de conocer los esfuerzos que se están llevando adelante en los diferentes organismos legislativos.  El papel de los diputados en la erradicación del hambre se puede observar tanto en el momento en el que se aprueban marcos legales sobre el tema como cuando se discuten los presupuestos de la nación.

El hambre también es un crimen y, como bien rescataba uno de los asistentes a la reunión, o comenzamos a construir el camino para que los campesinos se dediquen dignamente al oficio de cultivar o continuamos allanando el camino para que terminen dedicándose a la guerra.  Los desgraciados e imperdonables sucesos sufridos por campesinos en el Polochic y la inasistencia de diputados guatemaltecos a esta actividad son una señal de alerta para nuestra sociedad sobre la que pesa un obstinado olvido de la dramática realidad de los pequeños agricultores, destinados en muchos casos a ver morir a sus hijos de hambre, aun cuando son sus manos y su sudor los que a diario forjan la tierra y cosechan los alimentos que otros llevamos a la boca.

Pero el hambre no es noticia en este país, quizá porque no es nada nuevo.  O quizá porque nos hemos acostumbrado a esa cultura de “sálvese quien pueda”, a esa idea de no encrespar el puño si no es uno el afectado.  Pero lo cierto, es que en otras latitudes como Brasil, Bolivia, Uruguay o Ecuador, luchar contra el hambre es un asunto de Estado.  Y no se está tratando solamente de llevar alimentos a los que la padecen, se está tratando también de hacerles sentir ciudadanos, al buscar la forma de que sean dueños de la tierra mientras se respeta su cultura.  Y hay una clara idea de acercarles y ofrecerles con calidad una escuela y un centro de salud.

Los miembros de la sociedad firmamos junto a los parlamentarios una declaración en la que se establecen algunas prioridades, entre ellas la de reconocer el papel fundamental de la mujer en la producción de alimentos y su especial vulnerabilidad en el campo; lo urgente de erradicar la desnutrición infantil; y, muy importante para pasar de la buena voluntad a la acción, la necesidad de garantizar el financiamiento de las políticas destinadas a la seguridad alimentaria y nutricional de todos.

Nuestros congresistas ya aprobaron una ley sobre este tema, muy elogiada a nivel internacional, pero tienen pendiente una reforma fiscal que permita financiar las garantías que han normado.  En este momento la reforma fiscal no tiene desafíos técnicos sino políticos. ¿Qué vamos a hacer, usted y yo, al respecto? Hagamos del hambre una noticia, ¡indignémonos!

62. Nutrición, desarrollo y política

Casi todos sabemos que en Guatemala el 50 por ciento de los niños menores de 5 años padece desnutrición.  El cuadro es más dramático cuando comparamos la desnutrición de los niños con el área de residencia, el grupo étnicos o el lugar de residencia, entonces el porcentaje de niños desnutridos aumenta a 58.6%, 65.9% y 69.3%, respectivamente.

Traigo esto a colación porque en los días pasados Oxfam Guatemala hizo un llamado a los candidatos a la presidencia para llegar a exponer sus planes de gobierno en materia de seguridad alimentaria y nutricional.  A la cita solo asistió Rigoberta Menchú, el resto prefirió quedarse en sus quehaceres cotidianos: ponerse la cara bonita para grabar anuncios de televisión, subir ringotones en su página y ofrecer una Guatemala diferente.

Lo cierto es que el tema de la nutrición es vital para construir un país distinto y si ese tema no les llama la atención, usted y yo, debemos comprender que entonces no tienen nada que ofrecer a esta sociedad.  Y digo que la nutrición es un factor vital porque los niños bien nutridos de hoy son la garantía futura de personas saludables, productivas y con mayor posibilidad de adquirir conocimientos, entre otras ventajas. Pero no crea usted que la nutrición es solamente dar a los niños una “super tortilla” por las mañanas o llevarles suero oral para que no mueran cuando tengan diarrea.

No, para nada. Combatir la desnutrición requiere que comencemos a ser más justos en el reparto del bienestar, que el hombre y la mujer campesinos tengan un trabajo que genere los suficientes recursos para alimentar dignamente a su familia, que el sistema público de salud y educación sirva a los ciudadanos que habitan hasta en los últimos rincones de la república –esos que hoy son dominados por los zetas-, y finalmente que las condiciones de vivienda, agua y saneamiento sean lo suficientemente adecuadas para la vida.

Hay tanto por hacer que el simple hecho de invertir en mejorar la educación, la salud y la vivienda de los guatemaltecos permitiría aumentar la actividad económica y el crecimiento por encima del 5% anual.  La mayoría de políticos, que siempre andan viendo qué grupos de poder estarían a favor de sus políticas, deberían de observar esto como una oportunidad en la que también ganaría el pueblo.

Imagínese un programa de alimentos que fomente la producción local; uno para la construcción de viviendas, escuelas, centros de salud y sistemas de agua, para los agremiados a la cámara de la construcción; otro para contratación de servidores públicos para salud y educación, de beneficio para los miles de desempleados y para las empresas que producen y venden bienes de consumo, por citar algunos ejemplos. ¡Pensar en la nutrición como eje para el desarrollo no le vendría mal a nadie!