
Aprovechemos a recordar a aquellos guatemaltecos que no tienen nada. Hay un millón trescientos mil niñas y niños, rostros y miradas apagadas de Niño Dios, con siglos de hambre acumulada. Ellos no necesitan su caridad de hoy y su indiferencia de mañana, necesitan una sociedad tan ética, responsable y justa, que no pueda tolerar ni el hambre, ni la ignorancia, ni el dolor de uno solo. ¡Eso nos enseñó el sencillo patojito de Nazaret, antes de que el mercado se apoderara de esta fiesta! Imagen tomada de: ivancastroguatemala.blogspot.com
Llegaron las fiestas navideñas, con sus luces artificiales, sus anuncios comerciales invadiendo hasta el último centímetro de nuestro entorno, con su aumento en el consumo de alcohol, su tráfico pesado. Poco espacio queda para pensar en la humilde historia de aquel niño por el que celebramos en estos días y menos para recordar su mensaje de amor, paz y reivindicación humana.
¡El mercado transforma todo bien en mercancía, con precio de compra y de venta, y estamos en la posibilidad de ser felices, a la manera del mercado, dependiendo de lo que llevemos en la billetera o lo que estemos dispuestos a transar! Y de esta condición de mercancía no se escapa ni el che Guevara, ni la Navidad, ni las profecías Mayas, que son transformadas en playeras, regalitos, suvenires o películas taquilleras. ¡Pero qué impotente es el mercado para celebrar la belleza de la vida y para recordarnos la esencia de esta!
Y mientras el que puede hace un esfuerzo para darse un gustito: quizá un celular, un electrodoméstico, un pavo, una botella de ron guatemalteco. Incluso, ese ciudadano está dispuesto a hacer una gran cola para pagar, del otro lado de la mesa, al empresario que se enriquece en estas fechas, le importa un comino si falta educación, salud o seguridad para sus consumidores, porque cuando les preguntan –mala idea esa de preguntarles solo a ellos- sobre la necesidad de una reforma fiscal para que devuelvan a la sociedad un poquito de las utilidades que hacen con nuestros sueldos, presentes y futuros, sonríen como el santa hollywoodense, jo jo jo, y dicen NO.
Mientras hace cola en Distelsa, Wal Mart, Claro, Tigo o Pollo Campero; mientras toma una Pepsi o saborea una Gallo, pregúntese a sí mismo si con todo lo que venden estas empresas estarán haciendo su parte dentro de esta sociedad. Sí, aproveche también a meditar sobre aquellos diputados y su gansteril manera de levantar la mano para ser mayoría. Y, pregúntese si usted es un conformista de esos que en esta época desea ver una mejor Guatemala, pero se conforma solo con ver.
Aprovechemos a recordar a aquellos guatemaltecos que no tienen nada. Hay un millón trescientos mil niñas y niños, rostros y miradas apagadas de Niño Dios, con siglos de hambre acumulada. Ellos no necesitan su caridad de hoy y su indiferencia de mañana, necesitan una sociedad tan ética, responsable y justa, que no pueda tolerar ni el hambre, ni la ignorancia, ni el dolor de uno solo. ¡Eso nos enseñó el sencillo patojito de Nazaret, antes de que el mercado se apoderara de esta fiesta!
Si puede compre menos y disfrute más. Prepare ponche y siéntese junto a su familia y amigos a compartir sonrisas y abrazos, a celebrar la vida. Brindemos por un futuro más justo, en el que quepan radiantes y completos los proyectos de vida de todos, y recordemos que nuestras ideas, nuestra voz y nuestros brazos tienen el poder de construirlo. ¡Feliz verdadera Navidad!
pd. Lo invito a dar una vuelta y participar en el blog de Indignados Guatemala: www.indignadosguatemala.blogspot.com








